Oda de invierno
1
así como el invierno cubre con escarcha flores, ríos, sedimentos,
golpea los días de una alfombra repleta de nieve y, además, no contento
con escarbar la brecha de los días, se aletarga y discrepa contra el sol, lo interrumpe
lo infiere, y no sin alas, sino que se adentra en el bosque y lo disipa,
así cubre con sus fauces los galopes de mis sueños rumbo a las puestas de un sol
de inanición que se refugia en lo lejano, a penas perceptible a la luz del ocaso
hemos sabido naufragar, y lo hemos hecho dentro de casas de campaña, arropados
casi con una compañía dispersa entre los bosques,
hemos creado cantos y voces, y les hemos dado nombres a mitad de la noche,
ante la fogata de la eternidad, casi perpetua, de los pensamientos.
2
desfilan las aves de rapiña, no estaremos en una ciudad y no la inventaremos,
no latirá nombres esta tarde y ni siquiera se detendrá el crepúsculo ante este invierno
cantos
voces
a la la a la la
y coros femeninos rondan la carne de la noche.
vamos de paso, solo de paso durante este invierno repleto de lobos carcomiendo
las veredas y los atajos; son lobos, son seres en la noche, no sé si perpetua.
3
ven aquí, ven a blindar con tu mensaje, a susurrar a mi oido, a escaldar la noche mala.
yo te abrazaré y te daré el cobijo en esta noche de ruinas, y no sé si escarbarán las aves
porque las escucho cerca. yo sé que tienes un nombre, un nombre escrito en la
frente
y de esas hélices de la nada, solo es lo que queda.
¡vayamos!
¿recuerdas la voz?
solo, solo hay que seguirla